Sinhogarismo femenino i tercera edad: la exclusión dentro de la exclusión más severa
Hace solo una década que se empezó a hablar de sinhogarismo femenino, aunque esta realidad siempre ha estado presente en nuestras sociedades, porque las mujeres somos la mitad de la población y el sinhogarismo afecta a todas las personas, aunque el femenino es mucho más cruel y se vive oculto.

Charo Sillero

Hace solo una década que se empezó a hablar de sinhogarismo femenino, aunque esta realidad siempre ha estado presente en nuestras sociedades, porque las mujeres somos la mitad de la población y el sinhogarismo afecta a todas las personas, aunque el femenino es mucho más cruel y se vive oculto.
Lamentablemente, y después de llevar más de veinte años trabajando con personas que se encuentran sin hogar, veo que esta realidad no parece que vaya a desaparecer. Es oculta porque las mujeres sin hogar están representadas en un tipo de sinhogarismo que es invisible, viéndose abocadas a sostener diferentes expresiones de violencia para no acabar en la calle, sufriendo la inseguridad de no tener un lugar donde descansar, done vivir, y alternando sofás de personas conocidas o familiares hasta agotar las pocas redes de apoyo.
Así pues, los mecanismos de supervivencia son considerados también factores de riesgos cuando hablamos de sinhogarismo femenino, ya que acumulan multitud de traumas, abusos y diversas expresiones de violencia que condicionan la salud y el bienestar de las mujeres. A esta invisibilidad buscada y necesaria para las mujeres sin hogar, hay que sumar la indiferencia de una sociedad patriarcal, en la que no vemos y tampoco las reconocemos.
La falta de acceso a una vivienda digna, las desigualdades en el mercado laboral donde ocupan la mayoría de los trabajos parciales en sectores ya precarizados (cuidados, hostelería...), los roles de género tradicionales que oprimen a las mujeres, la multitud de violencias que llevan a sus espaldas... evidencian que el sinhogarismo femenino es diferente en cuanto a sus características y también a las causas que lo provocan. Si las características y causas son distintas porque somos diferentes, las respuestas de los sistemas de protección y de los agentes sociales que acompañamos a las mujeres sin hogar también deben ser divergentes.
Evidenciamos, pues, que las mujeres en situación de sin hogar ven vulnerados sus derechos más básicos y están atravesadas por el resto de desigualdades que nos afectan a todas nosotras solo por el hecho de ser mujeres.
Dependiendo de las intersecciones que atraviesan a las mujeres, la situación puede ser más dramática; el origen, la racialización, la orientación e identidad sexual, la religión, la discapacidad y la edad, entre otros, son factores que pueden convertirse en una carga más y ser elementos adicionales de opresión.
Así pues, la edad es el factor más excluyente a considerar cuando hablamos de mujeres sin hogar; existe una feminización del envejecimiento y las discriminaciones derivadas son mucho más crueles ante el binomio “mujer y vejez”, sobre todo en una sociedad machista.
La exclusión del mercado laboral y de la toma de decisiones y participación es evidente, al igual que la disminución de la calidad de vida y de salud (también mental), y la falta de adaptación de los cuidados y del sistema de protección son algunos efectos de esta intersección.
Es por ello que el Programa MALLA atiende a mujeres en situación de sin hogar y tiene en cuenta todas estas intersecciones para garantizar una atención individualizada y holística; porque las capacidades necesidades son diferentes en función de estas intersecciones y requieren recursos y respuestas adecuadas y específicas. Hace justo un año que, de la mano de las Filles de Sant Josep, nuestra entidad, Sant Joan de Déu Serveis Socials, puso en marcha un recurso específico para 15 mujeres sin hogar en edad madura. La casa AVIDI se convierte en el hogar para mujeres mayores sin hogar, un alojamiento estable y tranquilo, adecuado e íntimo que fomenta la vinculación y la participación con la comunidad cercana y el autocuidado. Un espacio donde 15 mujeres con una edad media de 60 años se recuperan de todas estas opresiones que han vivido a lo largo de sus vidas. Una casa donde aprenden a mirarse a sí mismas, a cuidarse y reconocerse, a compartir en sororidad y compañía.
En las sociedades consideradas "avanzadas", debemos incluir la experiencia y sabiduría de las mujeres mayores y huir de la idea de evitar o rechazar lo viejo; la experiencia y la madurez son valores que pueden ayudarnos a construir una sociedad más diversa, participativa y justa.
Comencemos a verlas y a considerarlas, porque en el mejor de los casos, dentro de unos años, nosotras también podríamos estar allí.
Este artículo ha sido publicado en Social.cat con fecha 14/03/2025